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La conversación

Harold Stewart: Soy oficial retirado. Comencé como soldado raso y forjé mi camino poco a poco. Le expliqué la opción de intentar ser oficial. Ir a la universidad, prepararse para ser oficial. Ir a la OCS (Escuela de Aspirantes a Oficial, por sus siglas en inglés). Dijo que quería hacer todo lo propio a un alistado y tratar de hacer carrera como hice yo, alistarse y luego ganarse el respeto de sus hombres y convertirse en oficial técnico principal algún día. Así que me parece que, no sé si está siguiendo mis pasos, pero todo hace pensar que está haciendo la misma carrera que yo.

Beth Radiseck: Me pareció que hablaba en serio cuando vino y me dijo que estaba pensando en incorporarse a la Fuerza Aérea. Y nosotros ya habíamos tramitado su ingreso a la universidad — a una universidad que ella había elegido — y la habían aceptado, así que fue una gran sorpresa ese otoño.

Marc Danziger: Le faltaban tres meses para graduarse en la universidad y sin más dijo, “Bueno, me voy ahora”, y para mí fue algo que lo viví como un retroceso importante. Me llamó por teléfono a las 11 de la noche y me dijo, “Necesito un boleto de avión para regresar a Virginia. Voy a terminar de estudiar. Voy a regresar y me voy a incorporar.” Su madre y su madrastra estaban muy decididas a hacerle cambiar de opinión (risas) de plano. Quiero decir, se desató una especie de drama familiar. Y mi forma de ver las cosas era que, bueno, el muchacho ya era adulto. Uno cría a los hijos para que tomen decisiones, e incorporarse a las Fuerzas Armadas es una decisión favorable. No es una mala decisión. Para mí, su madre y su madrastra estaban espantadas de que por propia voluntad él quisiera unirse a las fuerzas de combate. Terminé ocupándome de calmar todos esos temores.

Nancy Kennon: Tuve que convencer un poco a Robert porque estaba yendo a la oficina del reclutador. Fui allí con ella cinco veces. Sabía lo que estaba pasando. Sabía de lo que hablaban. Conocía todas las ventajas y desventajas. Y cuando llegó el momento de tomar la decisión final, ahí él dijo, “Lo mejor es que lo piense bien porque no hay vuelta atrás”, ya sabes. Así que tuve que esforzarme un poco para convencerlo para que se pusiera de mi lado para apoyarla en su decisión.

Robert Kennon: Escuché lo que ella tenía que decir y lo asumí, y unos dos días después le dije, “Tesoro, sea lo que sea que vayas a hacer, te voy a apoyar en todo.”

Greg Brewer: Soy de la década del 70. Soy de la era de la Guerra de Vietnam. Ya pasé los cincuenta años. Y cuando crecían les decía, “Chicos, si alguna vez se incorporan a las Fuerzas Armadas, no se van a tener que preocupar por que un extranjero los mate, porque yo los voy a matar.”

Louis Arroyo: La forma en que mi hija decidió incorporarse a la Guardia Nacional fue una sorpresa para mí. Un día decidió que quería obtener un título, y actualmente soy empleado del MEPS (Centro de Procesamiento de Entrada a las Fuerzas Armadas, por sus siglas en inglés). Me consultó unas cuantas cosas sobre el pago de sus estudios, así que le di la información sin la intención de en realidad ayudarle a incorporarse porque no quería que lo hiciera. Ella es mi niñita. Pero le di la información.

Greg Brewer: Finalmente asumí que él tomaba el tema en serio y después de conversar conmigo y contarme los beneficios del entrenamiento, y cómo podía aplicarlos más adelante en el sector civil donde intentaba tener un trabajo en el área de cumplimiento de la ley, y los beneficios respecto de los estudios, pasé de ser un ferviente antagonista a darle mi apoyo con total vehemencia.

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